Fueron las lluvias de marzo y abril las que le han abierto la puerta al mar de la alquimia.
Entra rozagante con su aroma a porvenir y acaricia las calles con su caudal de tersura.
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De entre sus entrañas resplandece el simbolismo de la creación; y emerge tácito, sublime y bello para erigir sobre el asfalto, una ciudad inefable pero a la vez desahuciada.
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Afortunado el ojo de aquel que logra ver la transmutación del agua en sus mágicas formas.
Pues es cuestión de tiempo para que el astro solar le robe la fascinación al contemplante empedernido.
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El mundo siente como se le evapora el alma, mientras la mirada se despide de un instante inatrapable.



Y dices que no escribes...
ResponderEliminarBien decía Paz en La Llama Doble que los ojos de carne siempre nos cegan de la cosmogonía, pero los ojos de espíritu siempre serán un puente entre la perceción y abstracción de la surrealidad real.
ResponderEliminarMe gustaron las fotos y las líneas. Sin duda, posees un ojo de espíritu.
Reneg, muchas gracias por el comentario y por el tiempo para la degustación visual en este espacio.
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