domingo, 27 de marzo de 2011

Tauromaquia: el rito ausente



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La idealización del toro como una figura sagrada tuvo origen en la antigüedad. La primera referencia en Occidente se encuentra en el episodio bíblico que relata la historia del becerro de oro fundido por Aarón y que fue adorado en el monte Sinaí (éxodo 32); y en Oriente, se halla la presencia de Marduk, el toro de Utu y a Nandi, la montura de combate del dios hindú Shiva.

La adoración del toro se remonta a los uros, aquella raza salvaje que al ser domesticada dio origen a la mayor parte del ganado actual, los cuales se han encontrado representados en pinturas rupestres y grabados desde el Paleolítico europeo hasta la Edad de Hierro.

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En Mesopotamia, el toro fue representado con cuernos de luna creciente. En Egipto, fueron venerados por considerarlos encarnaciones de Ptah, Osiris Atum-Ra, Min, etc. y fueron designados con la misma palabra con la que fue concebida la fuerza vital, Ka.

Para los griegos, el toro estaba directamente relacionado con el mito del Toro de Creta, aquel animal furioso que echaba fuego por la nariz y con quien tuvo que luchar Teseo antes de enfrentarse al Minotauro (Toro-Hombre). Algunos vestigios de las civilizaciones antiguas de Creta muestras representaciones de rituales de taurocatapsia, es decir demostraciones de agiliad gimnástica, a pie o a caballo, en la que personas de ambos sexos se avalanzaban sobre un toro salvaje tomándolo por los cuernos. En el periodo clásico, el toro fue vinculado con otras deidades, en especial con Dionisio, a quien a veces se le representa con cuernos.
En la antigua Roma, se presentaban espectáculos donde los uros eran arrojados a los ruedos del circo para que las familias nobles los capturaran y les dieran muerte, demostrando así sus dotes de caza. Sin embargo, es apartir del culto sincrético romano y helenístico del Mitraísmo donde se puede observar la consideración de la muerte el toro sagrado como un elmento central, simbólico y de culto.
Mitra era el dios de la luz solar, reconocido principalmente en Persia e India; fue retomado por el imperio romano para establecerlo como religión en el año 62 a.C., sin embargo tuvo su esplendor a partir de su competencia con el cristianismo, hacia los siglos I y IV d.C. Se trató de un culto organizado en sociedades secretas a las que debían iniciarse únicamente los hombres y así demostrar los valores de honestidad, pureza y coraje.
A partir de las reconstrucciones iconográficas que se han realizado de los vestigios de esta religión, se dice que el Dios Mitra nació cerca de un manatial sagrado y bajo un árbol sagrado; llevaba puesto el gorro frigio (común en Asia y en general en Oriente), una antorcha y un cuchillo.En su camino halló al toro primordial cuando pastaba, lo agarró por los cuernos e intentó montarlo, pero la salvaje bestia se hizo desmontar. Mitra se aferró a los cuernos y fue arrastrado durante algun tiempo hasta que el toro se cansó; entonces lo tomó de las patas y lo cargó sobre sus hombros, soportando la carga hasta llegar a su cueva. Ahí, un cuervo enviado por el Sol le avisó que debía hacer el sacrificio, así que Mitra sujetó al toro y le clavo su cuchillo a un costado. De la columna del toro brotó trigo y de su sangre, vino. Su semen recogido y purificado por la Luna, dio origen a los animales útiles para el hombre.
Por lo anterior, la imagen central del mitraísmo es la tauroctonía que representa el sacrificio ritual que realizó Mitra al toro sagrado. Y con esto cobra vida el simbolismo de la muerte del toro como salvación, redención e inmortalidad para los adeptos y practicantes de este culto.
En distintas ocasiones se ha vinculado a las diversas concepciones, ritos y prácticas antiguas, relativas al toro, con el origen o auge de la tauromaquia. Por ejemplo, ya en la Roma cristiana, se encuentra la leyenda de San Saturnino de Tolsa, la cual está relacionada con los sacrificios de toros por la vívida forma en la que adoptaron sus martirios, manteniendo el sentido sagrado.
Sin embargo, el simbolismo latente en la sacraliad del rito antiguo se ha ido diluyendo y la práctica se ha ido deformando hasta encontrar una salida victoriosa en el espectáculo.
Así, durante la eda media, en la época de Carlomagno, comenzó el lanceo de toros en plazas públicas como celebraciones que conmemoraban victorias bélicas. Esto dio paso a que en el siglo XVI, se instaurara una nueva práctica: los encierros de varas (antecesores a las corridas con rejoneadores actuales) en las que después de su primera participación, la realeza tomó gusto y comenzaron a realizarlo para cualquier celebración.
Los nobles emplearon a sus peones como asistentes: distraían al toro, les ayudaban a cambiar de caballo, a levantarse de sus caidas y lo guiaban, con el capote, hacia el picador; figura que apareció en sustitución de la lanza para que el noble tuviera el privilegio de darle muerte al toro desde la montura de su caballo. Y si no lograba su cometido, la responsabilidad recaía en los que estaban de pie.

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A partir de este momento, el uso del capote y las faenas adquieren un valor estético dentro de estas prácticas arriesgadas, a los ojos de los espectadores. Y por supuesto se habrán convertido en tradición.

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Entonces, se ha de considerar como tauromaquia a toda aquella actividad relativa a la lidia de toros; al conocimiento del animal (razas, tipo de pelaje, tipo de cornamenta) y su crianza, a la confección de la ropa del matador y todos los participantes en las corridas de toros; e incluso a la produccíón de carteles y publicidad en torno al espectáculo.


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Este es un buen comienzo para establecer que la tauromaquia halla su sosten discursivo sobre un rito ausente; donde el simbolismo antiguo del sacrificio y la sacralidad de la que pudo haber obtenido su origen, ha quedado enterrada bajo una visión moderna que ha deformado sus raices para satisfacer los caprichos de los nobles y acabar revolcada en las arenas de un ruedo vendido al espectáculo.

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Pues ahora, el rito, el sacrificio, la celebración se han convertido en profesión, en negocio; y han quedado reducidos a su práctica más común desde la segunda mitad del siglo XVIII: la corrida de toros.

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A los españoles de la segunda mitad de dicho siglo se les debe el establecimiento de normas y reglas para llevar a cabo el espectáculo, el cuál se da lugar dentro de un plaza circular en la que se han de encontrar el toro y el torero.
Se trata de un duelo a muerte, cualquiera de los dos puede perecer; sin embargo no hay que olvidar que es el hombre el que tiene la voluntad de estar ahí, el que ha decidido jugarse la vida y quien además ejercerá su dominio sobre el animal. Pues esta salvaje criatura, no recibirá ayuda, ni se podrá resguardar; y sólo si el juez lo calificara de perfecto, cosa que casi no ocurre, podrá abandonar el ruedo, de lo contrario esta condenado a muerte.

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La parte poética, el simbolismo intertextual bajo el que puede cobijarse este rito ausente, lleva a los asiduos de estas prácticas a hablar sobre la muerte; a buscar la manera de lavar la sangre injustificada y a explotar el valor de la valentía:

La corrida de toros es un rito,[...] que requiere un sacrificio, y que es un sacrificio de muerte de verdad.
Y es esa y no otra la justificación del rito, del espectáculo, de la corrida, de la fiesta. La muerte. El hombre en su infinita orfandad, en su atroz miedo a la muerte, busca una salida. Busca transcenderla. Busca la inmortalidad.
Sí, se oye bonito, pensar al torero como Dios y al toro como la muerte; es una bella representación, aunque jugar a ser Dios ya ha pasado de moda. Sería creíble en la Edad Media e incluso en la época de oro donde se anhelaba el rito y los intelectuales abstraían la representación.


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Pero, en pleno siglo XXI, la experiencia en la plaza de toros, acaba con el posible simbolismo, pues lo único palpable es un espectáculo que agoniza bajo el discurso de un ritual que ya no existe. Ahora se trata de un negocio en el que todos ganan: los ganaderos dedican sus inversiones a la cría de buenos toros de lidia para poder patrocinar sus sellos durante las corridas. Los toreos y demás participantes en el ruedo, son bien remunerados por cada corrida y si les va bien hasta fama mundial adquieren. Aunque los confeccionistas, que les hacen sus ropas, hacen una labor artesal impresionante, no se salvan de formar parte de esta cadena funcional del espectáculo. Finalmente, las plazas no pierden la oportunidad de vender sus localidades con base en la cercania con la que se puede ver el show y a pesar de las diversas secciones, ninguna es muy barata.

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En cuanto a los toros, habrá que cuestionar si obtienen ganancia de igual forma. Pues el debate en la idea de que si no hay toros de lidia, no hay tauromaquía y si no hay tauromaquia no hay toros de lidia, ha llevado a los toros a perder el volado ya que solo son criados para morir en la plaza. Parece que el sustento real de esta práctica, sólo merece treinta minutos de vida en el ruedo.
Para empezar, la plaza esta lidereada por un juez, que es quien califica las suertes de los picadores, toreros, banderilleros, etc. Así mismo, la corrida se lleva a cabo en tres tercios y dos suertes.

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En el primer tercio (de varas), los picadores sobre sus caballos lancean al toro en el costado para medir su bravura y se realiza la suerte de capote, donde el torero hace las faenas para medir la embestida del toro.

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En el segundo tercio (de banderillas), los banderilleros clavan en el lomo del toro tres pares de banderillas de madera con punta de metal para que con el movimiento de dichas puntas el animal se avive.

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Finalmente, en el tercer tercio (de muerte) el torero, realiza la suerte de muleta y en cada faena mide la distancia precisa para hacer al estocada final en el lomo del animal que le dará muerte instantánea.

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Con lo anterior se ha de pensar que el toro es un animal sumamente salvaje, incontenible e iracundo; sin embargo, aunque el toro ha sido criado como animal salvaje, a veces resulta muy manso. Por lo que estos tercios no son más que una provocación e incluso una tortura innecesaria si el animal, al final, ha de perder la vida.
Es notable que aunque el torero puede salir herido, tiene ventaja sobre el toro, pues aunque sea un mal torero o un mal matador su penalización siempre la sufrirá el toro.

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Y ahora que el toro fue desterrado del cielo y dejó de ser sacro para convertirse en un mundano juzgado bajo la mano del hombre, el animal es calificado como bueno o malo e incluso es condenado a la muerte inmediata si por algún motivo llegara a tropezarse, torcerse la pata y caer, o echarse a medio ruedo en señal de sumisión o miedo.

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Entonces, ¿cuál es el parámetro de esta tradición; será que sólo porque hay reglas para la muerte, hay rito? Es absurdo, pues una vez más esta tradición taurina se ampara en un rito (antiguo) del cuál carece.

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No es posible la existencia del rito si en el lugar donde la muerte esta presente, donde se va a cobrar una vida, no se guarde silencio; y al contrario la gente, los espectadores, griten, chiflen, se emborrachen, platiquen y no atiendan aquello a lo que supuestamente deberían guardar respeto por ser la representación de un ritual en el que creen.
Parece que el rito además de ausente ha quedado aplastado por el espectáculo, la diversión, el derroche, el bloff de una clase que dice saber de lo que se trata y que ni siquiera se da cuenta de que ese espectáculo ya no cabe en la antigua concepción ritual.

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Por lo tanto, ¿no sería preferible que los toros de lidia se extinguieran para que el mito de los toros fuera redimido y quedara en la memoria histórica como simbolismo de una tradición ritual y sacra entre las antiguas culturas, poniendo así fin a la tauromaquia y desvelándola como una práctica caduca en la que el rito del que se ha colgado se halla ausente por su transformación hacia la satisfacción de un mero entretenimiento social?

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Si bien, es innegable el contenido simbólico en la corrida de toros desde diversas lecturas, es necesario reconocer que su sustento discursivo ya está desgastado y caduco. Sin embargo, la tauromaquia logrará sobrevivir mientras haya quien crea en aquel rito, que sólo se hace presente por ausencia.


Electrografía
http://es.wikipedia.org/wiki/Tauromaquia
http://es.wikipedia.org/wiki/Mitra_(mitolog%C3%ADa)
http://www.andalucia.org/
http://www.elartetaurino.com/

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